El consumo de bebidas energéticas y el uso de vapeadores se ha extendido de forma preocupante entre niños, niñas y adolescentes en los últimos años. Aunque a menudo se perciben como productos cotidianos o inofensivos, la evidencia científica muestra que su impacto sobre la salud infantil y juvenil es significativo.

Las bebidas energéticas contienen altas dosis de cafeína, azúcares y otros estimulantes que pueden provocar insomnio, ansiedad, irritabilidad, cefaleas y alteraciones cardiovasculares y metabólicas. Su consumo habitual favorece además la dependencia a la cafeína y se asocia con sobrepeso, caries y diabetes tipo 2.

Otro aspecto especialmente preocupante es su combinación con alcohol, una práctica presente en la adolescencia que aumenta el riesgo de intoxicaciones y conductas peligrosas al enmascarar los efectos del alcohol.

Paralelamente, el uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores se ha normalizado entre los menores, pese a que no constituyen una alternativa segura. Estos dispositivos contienen nicotina y sustancias potencialmente tóxicas que dañan pulmones, corazón y cerebro, y cuyo efecto respiratorio a corto plazo es similar al del humo del tabaco.

La nicotina tiene además un alto potencial adictivo y afecta directamente al desarrollo cerebral adolescente, con consecuencias sobre la atención, el aprendizaje y el control emocional. Incluso los productos comercializados como “sin nicotina” pueden contener sustancias perjudiciales.

Desde la Sociedad Canaria de Pediatría de Santa Cruz de Tenerife se insiste en la importancia de reforzar la información, la prevención y la protección frente a estos consumos, promoviendo entornos saludables y decisiones informadas que protejan el desarrollo y bienestar de la población infantil y juvenil.